jueves, 14 de abril de 2011

La contaminación atmosférica… Un problema

24/07/10 Por Cristian Frers

La contaminación de la atmósfera se ha incrementado notablemente en los últimos años y constituye uno de los problemas más serios que enfrenta el ser humano. Ya no es una cuestión circunscripta a algunos lugares, el viento se ha encargado de convertirlo en un problema global. Hoy, el humo expulsado de los autos, colectivos y camiones, los procesos industriales, los sistemas de calefacción y hasta el humo de los cigarrillos se juntan para contaminar el aire que respiramos.




La atmósfera es esencial para la vida por lo que sus alteraciones tienen una gran repercusión en el hombre y otros seres vivos y, en general, en todo el planeta. Es un medio extraordinariamente complejo y la situación se hace todavía más complicada y difícil de estudiar cuando se le añaden emisiones de origen humano en gran cantidad, como está sucediendo en estas últimas décadas.
La contaminación de la atmósfera se ha incrementado notablemente en los últimos años y constituye uno de los problemas más serios que enfrenta el ser humano. Ya no es una cuestión circunscripta a algunos lugares, el viento se ha encargado de convertirlo en un problema global. El problema de la contaminación atmosférica comenzó hace aproximadamente 200 años con la Revolución Industrial. Hoy, el humo expulsado de los autos, colectivos y camiones, los procesos industriales, los sistemas de calefacción y hasta el humo de los cigarrillos se juntan para contaminar el aire que respiramos provocando una gran parte de las enfermedades respiratorias.
El aire que respiramos está compuesto por 78% de nitrógeno, 21% de oxígeno, 0.093% de argón y una porción de vapor de aire, cuando hablamos de contaminación del aire, nos referimos a la alteración de esta composición, producida por causas naturales o provocadas por el hombre, las primeras no se pueden evitar, pero las segundas, es nuestra obligación evitarlas. Las fuentes que provocan la contaminación del aire se clasifican en fijas que son toda instalación establecida en un sólo lugar que tenga como finalidad desarrollar operaciones y procesos industriales, comerciales y fuentes móviles, que son todo equipo o maquinaria no fijos, con motores de combustión y similares que con motivo de su operación generan emisiones contaminantes a la atmósfera.
Nuestra actividad, incluso la más normal y cotidiana, origina contaminación. La actividad contaminante introduce ciertos desequilibrios en los ciclos biogeoquímicos (carbono, nitrógeno, oxígeno, azufre, fósforo, entre otros) lo que puede llegar a provocar reacciones de consecuencias impredecibles ya que puede dañar la salud de las personas y afectar a la vida de las plantas y los animales. Pero, además, los cambios que se producen en la composición química de la atmósfera pueden cambiar el clima, producir lluvia ácida o destruir el ozono, fenómenos todos ellos de una gran importancia global. En los seres humanos provoca problemas cardiovasculares, conjuntivitis, enfermedades bronquiales, cáncer pulmonar, cáncer en la piel, problemas de visión, enfermedades en la sangre, problemas en el desarrollo mental de los nonatos, entre otros. Se entiende la urgencia de conocer bien estos procesos y de tomar las medidas necesarias para que no se produzcan situaciones graves para la vida de la humanidad y de toda la biosfera.



Aproximadamente la mitad de la población mundial vive en aglomeraciones, y se espera que esta proporción aumente en dos tercios para el año 2030, según estimaciones de las Naciones Unidas. El fenómeno de las partículas en suspensión es un problema importante en las grandes ciudades. La contaminación atmosférica está alcanzando niveles preocupantes en las grandes ciudades de Asia y de Sudamérica, donde más de dos millones de personas mueren cada año debido a sus consecuencias.
En un país industrializado la contaminación del aire procede, más o menos a partes iguales, de los sistemas de transporte, los grandes focos de emisiones industriales y los pequeños focos de emisiones de las ciudades o el campo; pero no debemos olvidar que siempre, al final, estas fuentes de contaminación dependen de la demanda de productos, energía y servicios que hacemos el conjunto de la sociedad.
En Argentina hay una ley N° 20.284 de 1973 que marca claras exigencias en cuanto a la calidad del aire y los máximos de cada gas que pueden emitir los tubos de escape, pero no ha sido nunca reglamentada, apelando a los decretos 692 y 2254 la Secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable estableció los límites de expulsión de gases tóxicos de vehículos a nafta y diesel. Aunque la rectificación obligatoria, necesaria para hacer cumplir estas leyes, aún no está en vigencia.
En muchas partes del mundo se están realizando esfuerzos, con éxito variable, para combatir las causas de la contaminación atmosférica y su corolario de efectos devastadores para los habitantes de este planeta. Las sustancias que contaminan el aire causan cada vez más trastornos patológicos específicos y no específicos. La mayoría de las causas de la contaminación del aire se pueden prevenir si la gente es consciente de las consecuencias de sus acciones y si hacen algo positivo al respecto.
Una forma de prevenir sería la medición en los focos emisores y los niveles de inmisión. Ambos valores dependen uno del otro aunque se alcancen luego de complejos procesos. En el caso de las viviendas, estas liberan sobre todo anhídrido sulfuroso (SO2) y monóxido de carbono (CO). El cambio que se ha efectuado para disminuir la emisión de estos gases se basa en la sustitución de las calefacciones individuales por las centrales y las de carbón por las de gas natural que es más limpio. También es importante que las instalaciones de calefacción se mantengan en buen estado; esto incrementaría un ahorro energético y disminuiría los gases. El tráfico automotor está considerado como el responsable de las principales emisiones de dióxido de nitrógeno (NO2), nitratos (NO3), monóxido de carbono (CO) y de algunos compuestos orgánicos volátiles. Para disminuir la cantidad de estos gases en la atmósfera se utilizan catalizadores o mediante una combustión a bajas temperaturas. Una de las medidas que se ha tomado es la utilización de gasolina sin plomo, que ha reducido visiblemente la contaminación debida a este elemento. En el caso de la producción de energía, las centrales eléctricas que funcionan con carbón son las responsables de las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Entre los humos de escape de estas centrales se puede encontrar anhídrido sulfuroso (SO2), que puede ser retenido por un absorbente y utilizado posteriormente para la producción de acido sulfúrico. Un uso racional de la energía eléctrica supondría un ahorro en su producción y, por tanto, una disminución en la contaminación atmosférica.
¿Cuál es el costo de reducir la contaminación atmosférica y mantener la calidad del aire? ¿Vale más la comodidad de unos pocos que la salud de todos?
Para tener un aire más limpio, es necesario que contribuyamos a mejorar nuestro entorno, la naturaleza es de todos y está en nuestras manos el conservarla para legar a nuestros hijos un ambiente sano. Lo concreto y real es que sólo una profunda reestructuración de las empresas fabriles, del tránsito automotor y del mismo estilo de vida de los grandes conglomerados humanos permitirá alentar alguna esperanza sobre el futuro de la Tierra. Sólo queda que las empresas pongan un poco de voluntad, para así poder frenar la contaminación; ya que estamos viendo que el mundo se destruye delante de nuestros ojos... Si esto se cumple, acaso nuestros descendientes gocen los beneficios de una vida más armoniosa y prolongada. www.ecoportal.net



Cristian Frers –Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social

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