lunes, 9 de mayo de 2011

Camino al cambio climático

12/02/11 Por Cristian Frers


El siglo XX fue el más cálido, y la década de 1990 fue la más calurosa de los últimos 1000 años. Se ha realizado un estudio con programas de simulación de ordenador que exploraron los diferentes escenarios posibles en una situación de emisión cero de dióxido de carbono (CO2) a partir de los años 2010. La simulación demuestra que el calentamiento continuará antes de detenerse o ser revertido, aún cuando tomemos 10 siglos como escala de tiempo. Si el cambio climático ya es inevitable, lo que nos queda es establecer una estrategia de adaptación. Y para eso, lo mejor es tener una idea de lo que puede ocurrir en cada región.




En la actualidad, es un hecho científico que el clima global está siendo alterado significativamente como resultado del aumento de concentraciones de gases invernadero tales como el dióxido de carbono, metano, óxidos nitrosos y clorofluorocarbonos. Estos gases están atrapando una porción creciente de radiación infrarroja terrestre y se espera que harán aumentar la temperatura planetaria entre 1,5 y 4,5 °C. Como respuesta a esto, se estima que los patrones de precipitación global y corrientes marinas también se alteren.
Durante el mes de febrero del 2011, en los Estados Unidos de Norteamérica se han desarrollado una super tormenta de nieve y hielo que ya ha cancelado más de 10.000 vuelos y se presupone que la ciudad de Chicago será una de las más afectadas… Chicago, tradicionalmente una de las ciudades más castigadas en el invierno por los fuertes vientos, va a soportar vientos polares de casi 100 kilómetros por hora, nevadas de 60 centímetros y capas de hielo de 3 centímetros de grosor.
El Servicio Nacional de Meteorología, del país del norte, ha descrito la tormenta, que se mueve entre la frontera de EEUU y Canadá, como de potencial riesgo para la vida para aquellas personas que no se encuentren a resguardo cuando se produzca el descenso de la temperatura.



Las lluvias que esta sufriendo Australia, durante el mismo período, se deben a la aparición de vientos del este en los trópicos que chocan con las aguas calientes del Pacífico occidental sobre Australia e Indonesia, se espera que estas lluvias se prolonguen hasta junio del corriente año. Una de las causas se debe al aumento de las temperaturas oceánicas en el norte de Australia, 1,5 grados con respecto a los niveles de antes de 1870.
Las variaciones climáticas han existido en el pasado y existirán siempre a consecuencia de diferentes fenómenos naturales pero el siglo XX fue el más cálido, y la década de 1990 fue la más calurosa de los últimos 1000 años.
Las proyecciones sobre el cambio climático deben hacernos meditar de manera responsable acerca del modo de vida desarrollado y que lo único que está ocasionando es la progresiva destrucción de nuestros hábitat.
Se considera que el aumento de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) tendrá previsiblemente un impacto sobre las temperaturas de la Tierra en los próximos mil años y elevará en al menos en 4 metros el nivel de las aguas del mar. Se ha realizado un estudio con programas de simulación de ordenador que exploraron los diferentes escenarios posibles en una situación de emisión cero de dióxido de carbono (CO2) a partir de los años 2010 y 2100.
El resultado fue que las regiones del hemisferio norte saldrán mejor paradas que las del sur, aunque la proyección es que los patrones del clima en lugares como Canadá cambien por completo.
Grandes áreas del norte de África se convertirán en desiertos y el calentamiento en hasta un 5% de la temperatura de los océanos causará el colapso de la capa de hielo occidental de la Antártida, una superficie de 2.2 millones de kilómetros cuadrados, es decir, cuatro veces el tamaño de un país como España.
Las aguas oceánicas y parte del hemisferio sur tienen una inercia mucho mayor (de calentamiento) y los efectos actuales del cambio climático en estas regiones a causa de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) en el siglo XX son la punta del iceberg.







Los vientos meridionales tienen a fortalecerse y a permanecer con fuerza antes de remitir. Esto incrementa la mezcla en el océano, llevando más calor desde la atmósfera al mar.
Grandes sequías, lluvias torrenciales, tsunamis, tormentas o huracanes asolarán al planeta.
La simulación demuestra que el calentamiento continuará antes de detenerse o ser revertido, aún cuando tomemos 10 siglos como escala de tiempo.
Esto significa que en Argentina vamos a tener una combinación de grandes lluvias (y por consiguiente, de inundaciones) en las zonas costeras con sequías en el interior del país. Es decir, que las situaciones extremas van a agravarse cada vez más.
Tormentas marinas más intensas pueden aumentar la erosión costera, lo que significará perder toda la arena de las playas de Villa Gesell, Pinamar, San Clemente, entre otras. De los balnearios de esa zona, nos va a quedar apenas una larga península, separada del continente por un brazo de mar, y con el agua llegando hasta el borde de las costaneras, ya que la erosión se irá llevando la arena de las playas. Aquellos que hayan visto la costa de San Clemente durante una sudestada con marea alta, pueden tener una idea bastante clara de lo que sucederá.
En las ciudades que están en la costa de los grandes ríos, barrios enteros van a tener inundaciones muy frecuentes y tal vez tengan que ser evacuados en forma permanente. Esto va a afectar a toda la zona costera del Gran Buenos Aires, desde Quilmes hasta Tigre. Pero también irá más allá, llegando hasta Resistencia, Formosa y Posadas.
La propia Ciudad Autónoma de Buenos Aires se inunda cada vez más, a pesar de las obras que se vienen haciendo para paliar el problema. Una de las razones es que ahora llueve el doble de lo que llovía un siglo atrás, cuando se diseñaron los desagües.
Por eso no tiene sentido atribuir toda la responsabilidad de cada inundación al Gobierno de turno, ya que se trata de un problema que fue construyéndose de a poco durante mucho tiempo. Y la cosa recién comienza. No sabemos cuánto tiempo va a pasar para que el nivel de lluvias en la ciudad vuelva a duplicarse, pero seguramente va a ser mucho menos que en el pasado.
En las zonas secas, las menores lluvias disminuirán el caudal de los ríos. Esto hará que Mendoza y San Juan tengan que reducir sus áreas de riego. Otras ciudades, que dependen de ríos de menor caudal, probablemente no puedan ser abastecidas y deban evacuarse. La Rioja puede ser la primera de una serie ciudades en peligro por una sequía permanente.
La economía del país cambiará porque algunas zonas dejarán de ser aptas para los cultivos actuales, algunas veces por falta y otras por exceso de lluvias. Habrá también cambios en las condiciones sanitarias, al extenderse las enfermedades tropicales y subtropicales como el dengue y la leptospirosis.
Si el cambio climático ya es inevitable, lo que nos queda es establecer una estrategia de adaptación. Y para eso, lo mejor es tener una idea de lo que puede ocurrir en cada región.
Para evitar los peores impactos del cambio climático necesitamos una reducción drástica y rápida de las emisiones de gases de efecto invernadero. El sector energético es el mayor responsable del conjunto de estas emisiones, por ello hay que buscar un cambio en el modelo energético, buscando la sustitución de las fuentes de energía sucias actuales, como el carbón y el petroleo, por energías renovables.
Se deben proponer soluciones como el apoyo a las energías renovables, la eficiencia en los vehículos o los acuerdos internacionales. Así como la elaboración de escenarios de revolución energética que muestran cómo es posible sustituir completamente las energías sucias por limpias.
Por otro lado la población también puede contribuir drásticamente en la reducción de los gases de efecto invernadero, mediante políticas de ahorro energético.
Es preocupante que nuestros hijos, nietos y generaciones venideras no podrán disfrutar de la calidad de vida ni de los recursos naturales que hoy disponemos. Y es francamente triste observar cómo nuestros gobiernos se desviven por succionar y vender con desesperación nuestros recursos energéticos fósiles para alimentar un modo de vida basado en el derroche irracional y que está dañando el planeta.
La defensa de la vida y la diversidad es una lucha que debemos incorporar en nuestra agenda permanente porque compromete nuestra propia existencia y condición humana. Por esto debemos perseverar en sensibilizar y concienciar a quienes aún no se han percatado de la gravedad del problema y generar lazos de solidaridad práctica que ojalá nos permitan revertir la actual tendencia histórica que nos está llevando hacia el abismo de la autodestrucción como especie, es decir, hacia el verdadero fin de la historia.



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Cristian Frers – Técnico Superior en Gestión Ambiental y Técnico Superior en Comunicación Social

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